EL CULTIVO DE LA ATENCIÓN NOS HACE VIRTUOSOS

EL CULTIVO DE LA ATENCIÓN NOS HACE VIRTUOSOS

“–Atención- llamaba el oboe vocal–. Atención.

–Atención a qué?– inquirió, con la esperanza de obtener una respuesta más esclarecedora que la recibida de Mary Sarojini.

–A la atención– respondió el doctor MacPhail.

–Atención a la atención?

–Por supuesto.”[1]

 

INTRODUCCIÓN

«Todos los hombres desean por naturaleza saber». Con esta célebre cita de la Metafísica de Aristóteles se resume gran parte de la condición humana. Somos animales que constantemente buscan saber más acerca del mundo, de aquello que ocurre en él y sobretodo: que buscan conocer el sentido, origen y naturaleza de su propia existencia. Pese a todos nuestros esfuerzos, parece que en cierto modo estamos condenados a la ignorancia. Pero este es otro tema que no tiene lugar en este ensayo. Lo que aquí nos interesa es primeramente conocer las aptitudes, capacidades y ventajas disponibles a la hora de incrementar nuestro conocimiento. La epistemología de la virtud se formula como un intento por fundamentar las bases de una actividad y una actitud que nos hagan mejores a la hora de adquirir conocimiento. En este sentido, hereda en cierto modo el ideal virtuoso planteado por Aristóteles. Sin embargo, conocer y poseer las virtudes no es suficiente. El ser humano no solamente se caracteriza por su obcecada búsqueda de conocimiento, sino por su propensión a las distracciones. A menudo ocurre que pensamos algo y hacemos lo contrario, que somos hipócritas. El mayor pacifista es capaz de dejarse llevar por la agresividad, el joven político idealista se corrompe, el devoto religioso peca. También somos perezosos, cobardes y nos dejamos llevarpor la akrasía. En el presente artículo vamos a tratar de formular un principio afín a la corriente de la epistemología de la virtud que sirva de soporte para su correcta aplicación. Para ello nos apoyaremos en algunos aspectos presentados en la novela La Isla, del novelista y ensayista inglés Aldous Huxley.

 

DOS TIPOS DE EPISTEMOLOGÍA DE LA VIRTUD

Dentro de la Epistemología de la Virtud, diferenciamos entre dos corrientes principales. La primera es la fiabilista, que podemos encontrar en el pensamiento de Sosa. Según la postura fiabilista, las virtudes intelectuales se refieren a las capacidades perceptuales, tales como la vista o la memoria. Así, alguien con el sentido de la vista bien afinado, será un buen sujeto epistémico y adquirirá un mayor conocimiento del mundo que un individuo con peor vista o invidente. Igualmente, un individuo que goce de una memoria buena será capaz de recordar más y mejor las cosas, llevando consigo más conocimiento del mundo y teniendo a su disposición más información con la que contrastar nuevos descubrimientos que alguien que, por ejemplo, sufra de amnesia o simplemente tenga mala memoria. Esta corriente pone un énfasis especial en las capacidades cognitivas del ser humano que le permiten adquirir de forma relativamente inmediata ciertos conocimientos de su entorno.

La otra postura, que podemos encontrar en autores como Code o Zagzebski, se refiere a las virtudes en el sentido de rasgos propios del carácter del individuo, en su forma de actuar, de pensar y de enfrentarse a los problemas que le plantea el mundo. En este sentido, hablamos de virtudes que pueden ser aprendidas, cultivadas y transmitidas y por lo tanto, que entran dentro del terreno de lo educativo. El amor por el conocimiento, la humildad, el coraje intelectual, el rigor o la generosidad son algunos ejemplos de virtudes.

Ambas corrientes están claramente diferenciadas por el uso que hacen del concepto de virtud epistémica. Las virtudes de la concepción fiabilista parecen ser de tipo perceptual y fisiológico, mientras que las segundas pueden ser cultivadas a lo largo del tiempo en corresponderncia en el carácter de cada uno y por lo tanto se asemejan a las virtudes morales. Obviamente podríamos poner en duda la propia noción de virtud. Aquellas descritas por Sosa son más cercanas a lo que podemos llamar facultades o habilidades innatas. Normalmente, uno nace con una vista mejor o peor, con una disposición neurolofisiológica que da lugar a una memoria mejor, peor o distinta. Sin embargo, lo importante es el uso que le damos a estas facultades fisiológicas. El prestar atención a nuestras percepciones, el cuidado de la memoria y la capacidad de analizar causalmente la realidad, serían elementos susceptibles de ser considerados partes de una virtud adicional. A través de un correcto cultivo de una actitud receptiva y atenta, podemos generar no solamente agentes epistémicos «bien entrenados en el arte de adquirir conocimiento», sino que podemos entrenar a individuos que sepan usar todo su potencial en su totalidad para la vida. Ésta es, a mi parecer, la lección que podemos sacar del pensamiento de Aldous Huxley:

«Pero, si se trata de averiguar cómo usted y yo, nuestros hijos y nuestros nietos podemos hacernos más perceptivos, más intensamente conscientes de la realidad interior exterior, más abiertos al Espíritu, menos propensos a caer, por nuestros vicios psicológicos, físicamente enfermos y más capaces de regular nuestro propio sistema nervioso autónomo; si se trata de cualquier forma de educación verbal que sea más fundamental –y con más probabilidades de uso práctico– que la gimnasia sueca, ninguna persona respetable ni ninguna universidad o religión que se respete hará absolutamente nada».[2]

Creo que podemos estar de acuerdo con la idea de que ambas formas de virtud epistémica son compatibles al menos en la práctica. Así, un individuo puede ser virtuoso en el sentido fiabilista al poseer una memoria prodigiosa y al mismo tiempo puede tener una actitud de coraje intelectual que se vea reflejada en su actividad epistémica. Porsupuesto que puede carecer tanto de las virtudes del primer tipo, como del segundo. Debemos econtrar algo que una ambos tipos de virtudes y que nos ayude a mantenerlas en el tiempo.

Siguiendo esta idea, las virtudes epistémicas no se restringen únicamente a la actividad epistémica en un sentido fuerte, sino que atraviesan un amplio espectro de la vida humana: desde la ética, la estética o la propia actitud reflexiva, hasta la propia forma de percibir la experiencia subjetiva y el mundo. De este modo, un físico poseedor de la virtud de la atención y el rigor podrá no solamente ver progresos en sus investigaciones acerca de la naturaleza de las leyes físicas, dada su dedicación y coherencia con respecto a la disciplina de las ciencias físicas, sino que al transportar las virtudes a sus quehaceres cotidianos, gozará de una mayor estabilidad y seguridad en sí mismo. La atención prestada a sus actividades y el rigor con el que lleve a cabo sus tareas le otorgarían coherencia y sentido al contenido de su experiencia vital.

«Pero tú me educaste a mí –le aseguró él–. Si no hubiese sido porque ibas a tirarme del cabello y me hacías contemplar el mundo y me ayudabas a enternderlo, ¿qué sería hoy? Un pedante con antiparras… a pesar de toda mi cultura».[3]

Lo que propone Huxley es el cultivo de una actitud receptiva constante, de un estado mental similar a aquel de presencia plena que nos mantenga en todo momento en unión con nuestra percepción y con nuestros principios y valores. En su novela utópica La isla, se describe una sociedad la cual pone un énfasis especial en el cuidado de esta actitud. Gracias a este principio fundamentalnse salvaguardan las dos formas de virtud epistémica. Los individuos que conforman la sociedad de la isla de Pala presentan una sensibilidad perceptiva y una coherencia intelectual entrenada desde la infancia que favorece la estabilidad social, el avance científico y el bienestar espiritual. Frente a la barbarie del mundo exterior, en el que predominan la codicia, el fanatismo y la inconsciencia, el estado de Pala educa a sus individuos de una forma virtuosa. Y aquello que les mantiene virtuosos a lo largo del tiempo es la atención. Volveremos a esta cuestión al final del artículo.

A continuación definiremos una serie de virtudes básicas que adaptaremos al pensamiento del escritor inglés.

 

VIRTUDES EPISTÉMICAS CLÁSICAS

Para garantizar que el conocimiento sea adquirido de una forma adecuada, para que el propio proceso de obtención, tratamiento y ordenación del mismo sea llevado a cabo, han sido planteadas un gran número de virtudes. Roberts y Wood[4] identifican seis[5] virtudes epistémicas:

 

  1. EL AMOR POR EL CONOCIMIENTO
  2. LA FIRMEZA
  3. EL CORAJE
  4. LA HUMILDAD
  5. LA AUTONOMÍA
  6. LA SABIDURÍA PRÁCTICA

 

Como ya hemos apuntado en el comienzo del trabajo, el amor por el conocimiento aparece en la propia actividad humana desde tiempos ancestrales. Esta idea está relacionada con la noción de voluntad. El ser humano manifiesta una voluntad determinada por adquirir conocimiento a cerca de la cosas y orientará el curso de sus acciones, y en algunos casos su vida, en pos de saber más, de respuestas. La voluntad por saber se muestra no solamente de forma individual, lo cual encajaría con la anticuada visión del científico-genio aislado, sino que tiene su mayor representante en forma de gran conjunto social: la comunidad científica. Una masa de individuos trabajando de forma relativamente unificada, aumentando los conocimientos de toda una especie sobre el mundo. Conocimientos que pretenden ser verdaderos, que pretenden describir de la forma más precisa la realidad. En otro orden de cosas y siguiendo el pensamiento de Huxley, debemos plantear la siguiente crítica: ¿Debe el amor por el conocimiento imponerse a las cuestiones prácticas que de él se desprenden? El autor inlés saca a relucir esta cuestión mediante la descripción de la medicina palense[6] y su contraposición con aquella occidental/globalizada. La finalidad de la medicina en esta utopía es la prevención de la enfermedad mediante la autosugestión, la salud psicológica y la aceptación de la muerte en casos extremos. Frente a la medicina occidental, que para Huxley es nefasta al centrarse únicamente en la intervención directa (ej.: los antibióticos y los tratamientos agresivos), la falta de prevención y el interés económico de las grandes farmacéuticas, la medicina palense acepta las limitaciones del ser humano a la hora de intervenir en los procesos biológicos (ya sean enfermedades o la propia muerte). La virtud del AMOR POR EL CONOCIMIENTO se encuentra, por tanto, unida a aquella otra de la HONESTIDAD. Debemos ser honestos en cuanto a la finalidad del conocimiento y en cuanto a las limitaciones del ser humano por conocer e intervenir en el mundo. De esta manera, evitaremos no solamente el malestar que produce la no-aceptación del fracaso epistémico (como el no poder comprender algo o no poder salvar algunas vidas), sino que evitaremos los delirios de grandeza que lamentablemente tantas veces se asocia al conocimiento, ya sea por parte de la comunidad científica entendida como institución legitimadora del conocimiento o por ciertas élites especialmente arraigadas en algunas tradiciones que se otorgan la exclusividad del conocimiento (ej.: casta brahmánica). Así, estas dos virtudes deben ser acompañadas de la virtud de la HUMILDAD. Ésta se opone a la vanidad y la arrogancia.

La firmeza intelectual se opone a la flacidez y puede ser ejemplificada por medio de una analogía anatómica. Una musculatura flácida no daría consistencia a un cuerpo y mostraría una estructura frágil e inestable. Un cuerpo bien formado, con su debida musculatura, sería capaz de defenderse y de crecer correctamente. Esto no significa que una buena musculatura implique rigidez. La rigidez también es negativa en tanto que impide al cuerpo someterse a cambios de postura y evitar enfermedades crónicas. Una musculatura firme pero relativamente flexible otorga al cuerpo una estructura correcta para desarrollarse, crecer, adoptar un especto más amplio de posturas y mantenerse sano un tiempo más prolongado. Este ejemplo trata de mostrar, que alguien poseedor de la virtud de la firmeza intelectual (con su debida flexibilidad) defenderá aquello con lo que se identifica (ya sea una teoría, un valor o una opinión) sin caer en un conservadurismo o dogmatismo vicioso. En este sentido, esta virtud debe venir acompanada de aquella de “apertura de mente” (open-mindness) descrita por Baehr[7]. Esta virtud es ejemplificada por Huxley en tanto que la sociedad palense tiene una comunidad científica al estilo occidental, es decir, que cumple los requisitos para formar parte de la misma. No obstante, es firme en su postura de hacer un uso reducido de los bienes científicos y sobretodo tecnológicos al considerarlos intrínsecamente unidos a la destrucción del medio ambiente, al alejamiento de la naturaleza y la vida espiritual  y al encontrarse los segundos inevitablemente esclavizados por la economía capitalistma mundial. Huxley describe  a esta sociedad como firme en sus creencias y valores pero flexible a la hora de ver las ventajas del progreso (entendido de una forma concreta). Se trata de un proceso de “negociación” entre el nuestros conocimientos previamente aceptados y aquellos innovadores que tratan de reemplazar, mejorar o modificar a los primeros. Por lo tanto, la virtud de la FIRMEZA debe ir acompañada de aquella de la FLEXIBILIDAD.

El coraje se opone directamente a la cobardía. La ansiedad que nos producen las situaciones desconocidas no solamente se reducen a nuestros paseos nocturnos por castillos abandonados. En el plano de lo intelectual nos encontramos a menudo con estas situaciones. Así, gran parte de los rechazos de algunas teorías científicas en la antigüedad pudieron deberse al miedo por aquello que conllevaban (a parte del miedo de las instituciones de poder que entonces mantenían una visión del mundo opuesta o incompatible por perder el control del saber). Igualmente, el miedo puede aparecer al aproximarse el investigador a posibles refutaciones de su propia teoría, quedando ésta expuesta al completo fracaso. En este último sentido, el coraje también debe ser acompanado de la HONESTIDAD intelectual anteriormente mencionada. Esta cuestión llama la atención en tanto que responde a cierta motivación, como puede ser el amor por el conocimiento. Pero dado que las motivaciones epistmémicas pueden ser de diferente naturaleza, dejamos esta cuestión para otro momento. El coraje también se entiende en relación con la PRUDENCIA. En Huxley, la prudencia es personificada por el personaje de Will Farnaby. Como forastero naufragado en Pala, el reportero se verá introducido en la cultura palense y aprenderá sus costumbres y valores. Pese a mostrar asombro ante las diferencias culturales, sociales y espirituales que descubre, su acercamiento a la espiritualidad y cosmovisión de los habitantes de la isla le mostrarán de una forma más profunda y experiencial sus aspectos positivos que hasta entonces desconocía. Haciendo uso de la virtud de la FLEXIBILIDAD, Farnaby se verá liberado de los prejuicios. La forma de crearse una imagen nítida y realista de la realidad de la isla es posible gracias a la prudencia al valorar sus nuevas experiencias experiencias. No asume de entrada la verdad de lo que le están contando, sino que su escepticismo inicial le hace valorar desde diferentes ángulos la situación.

La autonomía es la virtud que tiene como finalidad la capacidad del individuo por “mantenerse por su propio pie”, por no depender de otros. Esto no ha de ser confundido con el aislamiento o el “ermitañismo”. La autonomía según Roberts y Wood es la resistencia a la sumisión ante otros. Giordano Bruno o Servet, pensadores que no se doblegaron ante la institución católica, son dos ejemplos de AUTONOMÍA, pero también de CORAJE y FIRMEZA intelecutal. En La isla, el propio Estado de Pala representa al individuo que recoje estas tres virtudes. Se trata de un estado autónomo en todos los sentidos e independiente del mundo capitalista globalizado, que mantiene coherentemente su posición pese a las tentaciones a las que es sometido por las grandes multinacionales extranjeras.

La SABIDURÍA PRÁCTICA es la virtud interdisciplinar (entre la moral y la epistemología) que se referiría la dimensión de la praxis en tanto que sentido común aplicado a las diferentes situaciones en las que nos encontrarmos en el día a día. Esta virtud nos ayuda a formular juicios, posicionarnos o reaccionar de una forma u otra en diferentes momentos. Esta virtud parece ser universal y de un uso más cotidiano que las demás. No obstante, su falta de rigurosidad la hace tremendamente problemática y dependiente de toda una cosmovisión y modelo de razonamiento.

 

UNA NUEVA VIRTUD

Llegados a este punto, es cuando el virtuoso pierde la noción de la virtud y se deja llevar por las distracciones. En Huxley esto se manifiesta en el personaje del jovén Rajá de Pala, que es seducido por la codicia y el aparente atractivo del progreso occidental capitalista. Esto le llevará a rechazar la forma de vida palense y a sentir una inclinación especial por la violencia, la militarización y la competición económica. ¿De qué manera se aleja uno del camino virtuoso? ¿Somos necesariamente traidores de nuestros propios principios? Para Huxley, el vicio es lo más común y su manifestación es el resultado de una forma de vida no-virtuosa. Para él, el virtuoso es aquel que mantiene la atención en el “aquí y el ahora”:

«-¿Por qué Atención? ¿Por qué Ahora y aquí?

-Bien…- Buscó las palabras correctas para explicar lo evidente a ese extraño imbécil-. Eso es lo que uno siempre olvida, ¿no es así? Quiero decir, uno se olvida de prestar atención a lo que sucede».[8]

Solamente mediante el CULTIVO DE LA ATENCIÓN, nos podemos asegurar de mantener las virtudes epistémicas y no-epistémicas a lo largo del tiempo. Para Huxley no hay diferentes virtudes que deben ser cultivadas por separado, diferenciadas y enumeradas como lo hacen los actuales epistemólogos de la virtud. En Huxley encontramos a un pensador que apuesta por una actitud receptiva, abierta y respetuosa. Las vitudes clásicas se desprenden naturalmente de la atención.

Para Huxley las virtudes pierden todo su poder en el mundo actual en el que vivimos. ¿Qué poder puede ejercer hoy en día una educación virtuosa frente a las distracciones que ofrece la sociedad de consumo el gran mercado de la información? No debemos rendirnos.

Cómo ya hemos mencionado antes, todas virtudes se cultivan por medio del cultivo de la atención, es decir, están en manos de la educación. Pese al control que ejerce el sistema sobre la educación, aún existe la posibilidad de reeducar a los individuos en la gran variedad de espacios que nos ofrecen las nuevas tecnologías (la red), los espacios tradicionales por otro (la familia, las amistades, el arte) y algunas escuelas alternativas. De este modo podemos tratar de darle la oportunidad a la humanidad de seguir el ideal virtuoso que una vez persiguieron los padres del pensamiento y que a día de hoy parece haber sido olvidado.

 

NOTAS

[1] Huxley, Aldous: La isla, Edhasa, Barcelona, 2010, p. 36

[2] Huxley, Aldous: Las puertas de la percepción, Edhasa, Barcelona, 2008, p.80

[3] Huxley, Aldous: La isla, Edhasa, Barcelona, 2010, p. 67

[4] Roberts, Robert C., Wood, W. Jay,: Intellectual Virtues, Oxford University Press, Oxford, 2007

[5] En el libro de Roberts y Wood también se nombra la virtud de la generosidad, que omitiremos en este artículo.

[6] Pala es la sociedad utópica que aparece en La isla.

[7] Baehr, Jason: The Inquiring Mind: On Intellectual Virtues and Virtue Epistemology, Oxford University Press, 2012.

[8] Huxley, Aldous: La isla, Edhasa, Barcelona, 2010, p. 25

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