SOLARIS: LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO Y LA CONDICIÓN HUMANA

SOLARIS: LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO Y LA CONDICIÓN HUMANA

Solaris (1961) es una de las obras capitales del autor polaco Stanislaw Lem y es considerada un clásico de la ciencia-ficción y una de las grandes novelas filosóficas del siglo XX[1].

Solaris comienza con la llegada del psicólogo Kris Kelvin a la estación de observación “Solaris” que se encuentra estacionada en órbita alrededor del planeta del mismo nombre. El planeta está cubierto por un gran océano, que aparentemente se comporta como un ser vivo. Sin embargo, el fracaso de las investigaciones llevadas a cabo en la estación durante casi un siglo han llevado al abandono de ésta y únicamente quedan tres investigadores en activo. Uno de ellos, el amigo y mentor de Kelvin, Gibarian, solicitó que enviaran urgentemente al psicólogo alegando la necesidad de realizar una evaluación psicológica a a los miembros restante de la estación. A su llegada a Solaris, Kelvin descubre que Gibarian se ha suicidado y los otros dos científicos, Snaut y Sartorius, muestras un comportamiento errático y paranoico. Se sucederán entonces una serie de fenómenos inexplicables como apariciones de personas (algunas de ellas muertas hace tiempo) y otras escenas surrealistas.

Entre las “personas” que aparecen en la Estación se encuentra Harey, la fallecida esposa de Kelvin. A lo largo de la obra, se establece una relación entre la nueva Harey y el psicólogo en la que éste le oculta su condición no-humana, al tiempo que realiza experimentos con ella para tratar de averiguar su origen solariano y así poder interpretar las intenciones del planeta-alienígena-ser-vivo. El protagonista no puede evitar enamorarse de esta extraña criatura que ha adoptado la forma de su esposa y que parece haber sido creada a partir de sus recuerdos y sueños. La historia de un romance espacial tendrá un carácter secundario en la obra de Lem, centrándose ésta en la descripción e interpretación del planeta Solaris llevada a cabo por una nueva ciencia, la solarística. [2] Se trata de una disciplina central dentro de la actividad científica humana y es considerada dentro de la realidad de la obra como una de las ciencias más populares, gozando así de una bibliografía muy extensa. El ejercicio de comprender qué es la solarística nos ayudará a comprender la novela Solaris en su totalidad. Es más, como comenta Jesús Palacios en la introducción de la traducción española, la “solarística existe, pero no es exactamente la ciencia –casi arte– de interpretar la actividad del planeta Solaris e intentar contactar con él, sino el arte –casi ciencia– de interpretar la novela Solaris, y satisfacer así nuestra inquietud devoradora”. [3] Pasamos por lo tanto a definir la solarística tal y como es planteada en la obra de Lem mientras extraemos el contenido filosófico propiamente dicho.

La solarística surgió como el conjunto de investigaciones científicas que giran en torno al planeta Solaris. Éste está cubierto por un mar único que interactúa con su entorno, ya sea con los exploradores humanos o con la propia órbita del planeta dentro del sistema solar binario en el que se encuentra. El océano es descrito como rebosante de actividad e impulsos electromagnéticos lo que le llevará a ser considerado como un único organismo dotado de vida. “¿Qué significaba todo aquello? ¿Quizás se trataba de datos acerca de un estado transitorio de estimulación del océano? […] O quizás fueran el reflejo de las eternas verdades del océano, traducidas bajo la forma de impenetrables constructos eléctricos. ¿Quizás sus obras de arte?”[4]. El intento por comprender las observaciones realizadas conlleva el trazar analogías con lo humano. Así, la comparación entre el solitario habitante del planeta, el cerebro humano y la actividad intencional humana es muy recurrente. No obstante, ya desde el origen de la solarística, surge el problema de la comunicación, apuntado por el científico (ficticio) experto en simetriadas Veubeke en relación con los intentos de dar explicación a las observaciones a través de diferentes disciplinas científicas: “¿Cómo podéis comunicaros con el océano si no sois siquiera capaces de hacerlo entre vosotros?”[5].

La comunidad científica (aquí, la comunidad solarística) actuó inicialmente de forma tradicional. Primeramente se hicieron las exploraciones necesarias para catalogar de forma exhaustiva los hechos observables del gigante oceánico. La mayor parte de las descripciones se trazan normalmente por medio de analogías. Así, la solarística apostó por el parecido razonable entre la historia de la arquitectura y las simatriadas, construcciones espontáneas que nacen del océano de Solaris.

“[…] Si continuáramos con esta serie, tratando siempre a nuestra criatura como a un ser cambiante según las sucesivas etapas de existencia real, terminaríamos llegando a la arquitectura de la era cosmodrómica, acercándonos de ese modo, quizás, a la comprensión de lo que es una simetriada”[6].

Igualmente, Lem destaca la antropomorfización inevitable de las descripciones científicas en el siguiente pasaje:

“La simetriada fabrica en su interior lo que a menudo llamamos “máquinas momentáneas”, aunque en realidad no se parecen en nada a las máquinas construidas por los humanos, pero sí consisten en una intencionalidad de la acción relativamente reducida y por tanto, y de alguna manera, “mecánica””[7].

En este sentido, es imprescindible destacar la visión que Lem tiene del lenguaje científico. A partir de la actividad de los solaristas, queda claro que Lem se posiciona epistémicamente y plasma su visión de la actividad científica. El lenguaje empleado por los científicos es limitado y choca directamente con la realidad de Solaris, diferente de aquella terrestre. Así, podemos encontrar pasajes como los siguientes, en los que el proceso de descripción en términos científicos muestra la fragilidad de la propia terminología científica:

“Giese carecía de inventiva, pero esa es una cualidad que no puede sino perjudicar a un investigador de Solaris, pues en ningún otro sitio la imaginación y la capacidad de plantear hipótesis con rapidez resultan tan dañinas. Al fin y al cabo, todo es posible en este planeta.  […]. Mientras le era posible, se limitaba al empleo del lenguaje descriptivo, y cuando le faltaban palabras, se ayudaba creando nuevas, a menudo de manera desafortunada. […]. Pero, al fin y al cabo, no existen términos que reflejen lo que ocurre en Solaris”[8].

“Podríamos decir, sin exagerar en absoluto, que Giese se enamoró de ellos (de los mimoides) y se implicó por completo en su investigación, en su descripción y en la búsqueda de su esencia. Al bautizarlos, intentó reflejar su aspecto más singular, desde el punto de vista del ser humano: cierta tendencia a imitar las formas que lo rodean […]”[9].

“[…] estaba tan convencido (Giese) de estar en lo cierto que clasificó las siguientes fases de aparición de un mimoide en un orden creciente de perfección”. [10]

Como hemos apuntado en la introducción, no es exclusivo del artista el aportar algo al mundo haciendo uso de su imaginación. El científico no sólo describe de forma objetiva la realidad, sino que pone algo de sí, configurándola. Un caso paradigmático es el del físico De Broglie que combinó la teoría de corpúsculos con la teoría de ondas electromagnéticas, llevando a cabo una ruptura conceptual.

En el texto de Solaris se muestra cómo el intento por comprender lo desconocido es un ejercicio de comparación e identificación con lo conocido. Lo Otro que representa el planeta Solaris es asimilado por el científico siempre desde la perspectiva de lo previamente conocido: “De esta forma, se fue empleando, una y otra vez, la terminología terrestre, humana”. [11] A esto debemos sumarle la premisa de que “el hombre siempre formula hipótesis, incluso cuando procura ser prudente o lo hace de manera inconsciente”. [12] La solarística no consiste únicamente en una caracterización y caricaturización del funcionamiento y de la problemática de una ciencia hipotética concreta. El autor polaco extrae de ella su propia visión de la condición humana: “Los Polytheria emplearon únicamente una especie de amplificador selectivo de nuestros pensamientos. Empeñarse en buscar el origen de este fenómeno sería caer en el antropomorfismo. En un lugar en el que no hay seres humanos, tampoco existen motivos accesibles a los humanos”. [13]

Esta tesis de Lem aúna la actividad científica y el propio proceso al que es sometido el protagonista, Kelvin. Por un lado, trata de cuestionar la finalidad y sentido de la ciencia, y por el otro trata de reconducir las nociones tradicionales del sentido de la vida humana. Y pese a que tanto la ciencia como los individuos vuelven a confiar en las capacidades ilimitadas del conocimiento humano, hay un proceso de retorno a la pregunta inicial por el sentido y las limitaciones de la razón humana dentro del cosmos. “En realidad hablábamos de una apuesta mayor que el mero hecho de profundizar en el conocimiento de la civilización solarística, ya que se trata de nosotros mismos, de los límites del conocimiento humano”[14], apuntan los primeros solaristas escépticos. El esfuerzo del ser humano por conocer el mundo es para Lem el producto de la necesidad intrínseca por conocerse a sí mismo. De hecho, en mi opinión, la tesis de Lem va más allá de esto. Toda actividad humana que provenga desde la individualidad y que se proyecte hacia fuera no es más que la búsqueda de la propia interioridad. En este sentido, Solaris representa lo absolutamente inmediato (la experiencia, la subjetividad, la conciencia como fenómeno experiencial, etc.) pero al mismo tiempo el muro contra el que inevitablemente choca la naturaleza de la condición humana. ¿Qué conocimiento nos puede aportar una ciencia como la solarística, representando ésta todo esfuerzo llevado a cabo por interpretar el Universo? La respuesta nos la dan los propios personajes:

“Sobre él, seguramente no averigüemos nada, pero quizás sobre nosotros…”[15]

El reconocimiento de nuestra condición de seres limitados epistémicamente trae consigo una frustración para los individuos que se manifiesta de diferentes formas. Igualmente, la exposición a las fuerzas que Solaris ejerce sobre los habitantes de la estación saca a la luz sus más profundas fantasías, miedos y recuerdos. Primeramente tenemos al físico Sartorius, que trata de mantener el tono frío y objetivo del investigador dedicado y entregado a la causa científica, mientras oculta de forma enfermiza sus fantasías materializadas por Solaris. Lo mismo le ocurre al cibernético Snaut en cuanto al recelo de mostrar sus propios “visitantes” (así se denomina a las personificaciones o apariciones creadas por el Océano vivo) a los demás. La obsesión por ocultar a los visitantes puede interpretarse de forma psicoanalítica. En el caso de Gibarian, el visitante tiene forma de “Venus neolítica”. Probablemente se trate de una materialización de sus fantasías de tipo erótico reprimidas de cara a los demás individuos. En este sentido, Solaris lleva a cabo un proceso de extracción de los deseos reprimidos y que se manifiestan en el sueño. En el caso de Snaut y Sartorius encontramos indicios prácticamente inequívocos de que sus propios visitantes están configurados según sus inclinaciones sexuales. El hecho de que éstos permanezcan ocultos parece mostrar un cierto sentimiento de culpa o asco hacia los propios impulsos. En el caso de Kelvin, debemos sumar un poderoso sentimiento de culpa que éste siente al hacerse responsable parcialmente de la muerte de Harey. [16] Así, Solaris disecciona la identidad humana, nos muestra en un amplio espectro sus características formas de funcionamiento. El propio Snaut parece haber aceptado el fracaso epistémico del hombre y declarará lapidariamente en una de las citas más célebres de Stanislaw Lem:

“No es culpa mía que sea algo tan radicalmente distinto de tus expectativas (Solaris). […] Salimos al Cosmos preparados para todo, es decir: para la soledad, la lucha, el martirio y la muerte. La modestia nos impide decirlo en voz alta, pero a veces pensamos, de nosotros mismos, que somos maravillosos. Entretanto, no queremos conquistar el cosmos, solo pretendemos ensanchar las fronteras de la Tierra. Unos planetas habrán de ser desérticos, como el Sáhara; otros gélidos, al igual que el polo; o bien tropicales, como la selva brasileña. Somos humanitarios y nobles. No aspiramos a conquistar otras razas, tan solo deseamos transmitirles nuestros valores y, a cambio, recibir su herencia. Nos consideramos caballeros del Santo Contacto. Esa es otra falsedad. No buscamos nada, salvo personas. No necesitamos otros mundos, necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Con uno ya nos atragantamos. Aspiramos a dar con nuestra propia e idealizada imagen: […]. ¡Lo hemos establecido ese Contacto! ¡Nuestra propia fealdad, aumentada como bajo un microscopio, nuestra necedad y nuestra vergüenza!”. [17]

El problema del Contacto es esencial no solamente en Solaris, sino que es una cuestión central en gran parte de la literatura de ciencia-ficción. En las odiseas espaciales de Clarke el contacto consistía en el paso del estado material-biológico de la vida a uno inmaterial de pura conciencia cósmica perfecta en sí misma y que actuaba de forma paternalista con la humanidad. El “Otro” juega el papel de entidad salvífica para una humanidad imperfecta que debe ser reconducida por el camino correcto. Esta idea también la encontramos en El fin de la infancia[18] del mismo autor. Éste sería el paradigma típico del contacto, donde encontramos dos formas de vida que pueden ser catalogadas según niveles de perfección en una escala que contiene en un extremo la vida primitiva o incivilizada y en el otro una conciencia sabia y redentora. Lem no sólo no comparte esta visión optimista en cierto sentido, sino que criticaría esta concepción llegando a considerar que gran parte de la ciencia-ficción anglosajona es superficial y no muestra más que una imagen naïve de este género literario. [19] En el caso del genial pensador polaco, el Contacto va unido no sólo a la imposibilidad de establecer comunicación con otros seres, sino de cualquier modo de comprensión de otras formas de vida no-humana. “El Contacto significa un intercambio de experiencias, de términos o, al menos, de resultados, de ciertos estados, pero ¿y si no hay nada que intercambiar?”. [20] La imposibilidad del Contacto es para Lem lo que para otros es la separación entre lo mundano y lo divino. Existe una posible interpretación religiosa de la obra de Lem que trata de trazar una analogía entre la solarística y la religión[21]. En la propia interpretación que lleva a cabo Tarkovsky en su versión de Solaris, podemos encontrar tal visión. Solaris (planeta-ser-vivo) representaría en cierto modo al Dios incognoscible. Pero se trataría de un dios imperfecto, un dios que Kris Kelvin parece reconocer ya casi al final de la novela y que ya era anunciado por Muntius, el inexistente filósofo creado por Lem. La solarística de nuevo adquiere la forma de la religión. Se trata de una disciplina que busca respuestas al sentido de la existencia y que por medio del Contacto trata de establecer sin éxito un puente entre Solaris y la Humanidad, entre lo divino y lo mundano.

Como ya habremos notado, la cuestión del Contacto suscita otra problemática, esta vez relacionada con el humanismo y la moral. Si el Contacto es el único fin de la solarística, si el fin de la investigación del Cosmos es encontrar en cierto modo la redención de la humanidad, y si asumimos la imposibilidad de llevar a cabo tal intercambio de conocimiento, ¿cuál puede ser el precio que debamos pagar por intentarlo? A lo largo de la historia de la ciencia (y de la religión) las víctimas han sido innumerables y la energía invertida incalculable, “como si fuera algo digno del hombre adentrarse, hundirse y ahogarse en medio de algo que no comprende, ni comprenderá nunca“.[22]

El “sacrificio” humano tiene un papel fundamental a la hora de intentar satisfacer las aspiraciones del ser humano. El “todos los hombres desean por naturaleza saber” de la metafísica aristotélica debería completarse con un “cueste lo que cueste”. En el proceso vital que sufre Kelvin encontramos un momento clave, un punto de inflexión en el que se le plantea la posibilidad de una retirada: “[…] de pronto todos mis planes, los experimentos, la Estación entera, todo aquello me pareció insignificante en comparación con el martirio que tenía que afrontar ella (Harey)”. [23]

Harey representa el conflicto moral al desempeñar el papel de chivo expiatorio que va a ser sacrificado ante los Dioses para conseguir su favor, para acercar al hombre un poco más a lo divino. Ella es “[…], en realidad, un mero espejo en el que se refleja una parte de tu cerebro”[24]; ha sido creada por Solaris a partir de los recuerdos que Kris manifiesta en el sueño. No obstante está dotada de una conciencia y con el tiempo irá mostrando su humanidad, llegando, una vez descubierto su origen solariano, a plantearse su propia existencia.

Solaris está plagada de problemas filosóficos. Es más, podemos decir que en esta obra, se trata de mostrar por medio de situaciones las incoherencias de la filosofía y la ciencia,  y de un género que es la ciencia-ficción.

En Lem no encontraremos a un enemigo de la ciencia, la filosofía y la racionalidad moderna. Todo lo contrario. El genial autor polaco considera la ciencia como una manifestación necesaria de la naturaleza inquieta del hombre. Tal vez en Lem no se trate tanto de alcanzar un conocimiento lo más cercano posible a la verdad, sino más bien de encontrar el proceso mismo de progreso hacia una hipotética verdad y que conllevaría un desencantamiento que nos devolvería nuestras propias limitaciones como ser humanos.

“El libelo que ahora tenía entre las manos era un trabajo extremadamente frío escrito por un autodidacta empeñado en demostrar, […] que incluso los logros de la ciencia, los aparentemente abstractos, los más teóricos y basados en cálculos matemáticos, en realidad estaban a uno o dos pasos de la prehistórica, sensorial y antropomórfica idea del mundo que nos rodea. Entre las fórmulas de la teoría de la relatividad, del teorema de campos magnéticos, de la paraestática y en la hipótesis del campo cósmico unificado buscó indicios del cuerpo humano, de la estructura de nuestro organismo, de las limitaciones e imperfecciones de la fisiología animal del hombre; aquello llevó a Grattenstrom a la conclusión definitiva de que el Contacto del hombre con una civilización no antropomorfa ni humanoide nunca había sido, ni sería posible”. [25]

Este proceso de desencantamiento retornará una y otra vez en cada individuo, necesariamente vinculado a su propio desarrollo como sujeto psicológico y como ser biológico. Esto queda manifiesto en las consecutivas vueltas de Snaut y de Kris al gran problema epistémico que plantea el Contacto. El final de la obra nos muestra a un Kelvin que por un lado está en paz, que ha asumido el muro infranqueable que le separa del ser alienígena que jamás podrá derribar. Sin embargo, decide quedarse en la Estación, no sabemos si con la esperanza de volver a encontrar a Harey[26], con la intención de seguir tratando de obtener más información del Océano o simplemente por ser incapaz de volver a integrarse tras el proceso de redención solariana en la vida sobre la Tierra. “[…] Tendré que esforzarme por sonreír, saludar, levantarme cada día y hacer las miles de pequeñas cosas que componen la vida terrestre, hasta que consiga hacerlas sin pensar. [No me entregaré] a nada, ni a nadie, ya nunca más. Nadie tendrá derecho a juzgarme”. [27]

He mencionado de nuevo este asunto para hacer un especial hincapié en la idea que Lem tiene de la ciencia y de la condición humana: la ciencia entendida como actividad humana que busca en la naturaleza un reflejo de lo propiamente humano.

¿Qué es lo propiamente humano a lo que se refiere Lem en sus novelas? Ahora, rastreemos lo que el autor considera los rasgos humanos involucrados en la actividad científica. Pero primeramente pongamos en claro, que Lem no es epistemólogo ni pretende presentar un sistema filosófico riguroso. Yo me voy a limitar a presentar lo que él considera el motor de la actividad científica por medio de un análisis e interpretación de su obra literaria.

Podemos sacar las siguientes conclusiones:

  1. La forma que tiene el ser humano de comprender lo desconocido es mediante analogías. En Lem, la identificación de intencionalidad en aquello que es observado y su traslado mediante analogías es muy recurrente.
  2. La finalidad última de la ciencia es la compresión de uno mismo. A través del estudio de la naturaleza, no sólo investigamos acerca del mundo, sino que ponemos de relieve nuestra condición como seres humanos. En este sentido, se trata de un modo de autoconocimiento.
  3. De acuerdo con «2», la ciencia se presenta como un intento fallido por liberarse de la condición humana, de objetivar el mundo. Los seres humanos tratan de escapar de su vida psicológica para agarrarse a la protección y seguridad de un saber objetivo. No obstante, están abocados al fracaso.
  4. El fracaso conduce al ser humano a volver a plantearse las mismas cuestiones iniciales que motivaron la actividad científica.
  5. El proceso «1-3» se repite en el tiempo. En este sentido, la actividad científica se vuelve a poner en marcha después de sucesivos desencantamientos.

Lo que no queda explicado en Solaris es el motivo por el cual volvemos a retomar la actividad científica. ¿Qué motivación tiene Kelvin para quedarse en Solaris? ¿Cuál es la razón que mueve al ser humano para seguir con su empeño por saber, pese a haber reconocido la imposibilidad de alcanzar la verdad? Podría ser la esperanza de volver a ver a Harey, de reencontrarse con una versión todavía más perfecta del ideal de Harey. Pero también podría ser que Kelvin se haya liberado de sus demonios internos y haya alcanzado un nuevo estado de serenidad y paz interior que le lleve al siguiente peldaño de la solarística, al tan deseado Contacto.

 

NOTAS

[1] Fue llevada al cine en dos ocasiones. La primera fue de la mano del director Andrei Arsenyevich Tarkovsky en el año 1972 y la segunda por Steven Soderbergh en 2002. También existe una adaptación para televisión soviética del año 1968. Tanto en la versión de 1972 como la de 2002, fueron introducidas modificaciones notables con las que el propio Lem nunca llegó a identificarse.

[2] Tarkovsky modificaría en 1972 la obra de Lem, centrándose precisamente en la relación de Kelvin con Harey.

[3] Lem, Stanisław. Solaris. 1a. ed. Madrid, Impedimenta, 2011, p. 12.

[4] Ibídem, p. 47.

[5] Ibíd. p. 48.

[6] Ibíd. p. 177.

[7] Ibíd. p. 175.

[8] Ibíd. p. 165-166.

[9] Ibíd. p. 168.

[10] Ibíd. p. 169.

[11] Ibíd. p. 182.

[12] Ibíd. p. 166.

[13] Ibíd. p. 197.

[14] Ibíd. p. 50.

[15] Ibíd. p. 123.

[16] Harey se quitó la vida por medio de una sobredosis de pastillas pertenecientes a Kris, habiéndole amenazado previamente con suicidarse. En la versión de Sonderbergh esto se muestra de forma más explícita.

[17] Ibíd. p. 117-118.

[18] Clarke, Arthur C.: El fin de la infancia. Barcelona: Ediciones Minotauro. 2000.

[19] Tales afirmaciones llegaron a costarle a Lem su expulsión de la SFWA

[20] Lem, Stanisław. Solaris. 1a. ed. Madrid, Impedimenta, 2011, 212-213.

[21] Spackman, Andrew N. “An EpistemologicalFall: Tarkovsky`s humanist interpretation of Lem`s Solaris”. Disponible en http://germslav.byu.edu/perspectives/2001/2-Tarkovsky.pdf

[22] Lem, Stanisław. Solaris. 1a. ed. Madrid, Impedimenta, 2011, p. 230.

[23] Ibíd. p. 218.

[24] Ibíd. p. 225.

[25] Ibíd. p. 245.

[26] Harey decide someterse a un proceso de desintegración al final de la obra.

[27] Ibíd. p. 281.

[28] Ibíd. p. 123-124.

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