REFLEXIÓN SOBRE LA EDUCACIÓN

REFLEXIÓN SOBRE LA EDUCACIÓN

A día de hoy el mundo parece haberse olvidado de los fines, habiéndose centrado exclusivamente en los medios. Es más, los medios se han convertido en fines en tanto que son aquellos primeros los que mueven el grueso de las actividades humanas.

El crecimiento económico es un fin en sí mismo, habiéndose separado radicalmente de su intención de otorgar el bienestar y la vida digna a los individuos. La economización del mundo y de los valores ha creado una profunda brecha no sólo en el funcionamiento del progreso social, sino también dentro de los propios individuos. Nuestros intereses parecen haberse centrado únicamente en los medios que tenemos para la supervivencia o el mal-vivir. Ya nadie se plantea para qué sirve un teléfono, lo importante es tener el teléfono que tenga la acumulación máxima de prestaciones inútiles y potencialmente nocivas. La información y el conocimiento han sufrido el mismo destino que los triviales utensilios tecnológicos. Tanto la primera como el segundo han adquirido el rol de consumibles. Sin embargo, ésta es la pesada cruz de nuestro tiempo y hemos de cargar con ella a menos que redirijamos nuestro foco de atención.

El problema fundamental reside precisamente en este aspecto: en el orden de prioridades que otorgamos los seres humanos a los aspectos que llenan nuestras vidas. Si queremos alejarnos de la mediocridad intelectual y crear una sociedad formada por individuos que comprendan su situación, que sean capaces de vivir en el contexto que les ha tocado y que tengan la capacidad creadora de impulsarse hacia un futuro esperanzador debemos plantearnos las siguientes cuestiones: ¿Cómo reeducar nuestras mentes para evitar toda esta barbarie consumista, superficial y autodestructiva? ¿Cómo debe ser educado el ser humano dentro de la sociedad haciendo especial hincapié en su dignidad y en la de su contexto histórico-social? Y finalmente la pregunta más importante y propiamente la principal: ¿Cuál es la finalidad de la educación?

Los “pedagogos” de todas las épocas del hombre fueron elaborando diferentes metodologías y sistemas que tenían como fin la creación de individuos plenos y preparados para desempeñar las tareas propias que fueran a hacer. En nuestro tiempo, esto parece haberse pulido hasta tal punto, que únicamente “creamos” individuos-masa que son capaces de llevar a cabo tareas que les vaya a dictar el mundo socio-económico. Esto nos ha llevado a un estancamiento, a un estado de incompetencia y aburrimiento que no puede tener otro efecto más que un estado de frustración y estatismo interno que tratamos de llenar de consumo, embriaguez (de todas las formas, ya sea lúdica, consumista, alcohólica, informativa o desinformativa). Parecemos haber olvidado el educar a nuestros descendientes a ser espontáneos, creativos, serenos y atentos. Dada la posibilidad de ser libres y críticos, ¿por qué desaprovecharla condenando a las futuras generaciones a desperdiciar su tiempo dentro de un sistema perpetuado por ellos mismos dadas sus posibilidades?

Los filósofos han estado mucho tiempo alejados de estas cuestiones, tal vez por arrogancia, tal vez por ignorancia. Ahora ha llegado el momento de abandonar los polvorientos volúmenes, de hacer un paréntesis en las casposas discusiones inútiles que a menudo no nos conducen más que a confusiones conceptuales y al punto de origen, para retomar el camino una vez iniciado por los padres y madres del pensamiento. Con esto no pretendo hacer una apología a una era dorada que jamás existió. El presente discurso únicamente pretende manifestar una motivación por reivindicar el papel que deben tener los filósofos como amantes del saber, como estandartes del sentido común en el planteamiento de la educación del ser humano. Y cabe también decir, que por filósofos no entiendo un pequeño colectivo elitista de expertos en ciertas áreas del pensamiento.

Filósofos son todos los que quieren dar un paso más allá de lo dado, los que buscan la vuelta de tuerca que podría indicar por dónde sigue el camino iniciado por aquel primer miembro de la especie homo  que alzó la vista al cielo y dio nombre a aquello más lejano y a la vez tan presente en nuestras vidas cotidianas. Ellos también deben ser educados.

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