CONCIENCIA VS. MIEDO

CONCIENCIA VS. MIEDO

Nos importa mucho lo que los demás piensan sobre nosotros. Nos sentimos observados y por lo tanto juzgados, categorizados, malinterpretados, ridículos y expuestos. También nos genera inseguridad el hecho de que descubran aspectos de nosotros que preferimos mantener ocultos. Nuestros defectos y singularidades, lo que nos diferencia de los demás y que en muchas ocasiones esperamos que pasen desapercibidas cuando nos encontramos en sociedad. En situaciones de exposición de nuestra persona, como cuando hablamos actuamos o interpretamos música en público, pero también cuando participamos en actividades sociales, los miedos e inseguridades pueden apoderarse de nosotros y condicionar nuestro comportamiento. No es poco común que nos lleven a actuar de forma antinatural, a esforzarnos por disimular, a desear que la tierra nos trague o a desaparecer atravesando la pared.

Para explicar lo que ocurre en estas situaciones me voy a apoyar en un modelo (ver imagen inferior). Este modelo no es exhaustivo ni descriptivo, sólamente es una herramienta visual para ilustrar la idea que quiero transmitir.

Imaginemos nuestra conciencia, nuestra experiencia del día a día, como una esfera con un determinado tamaño.

(1) Todo lo que se encuentra en esta esfera es nuestra vida mental: nuestros deseos, pensamientos, creencias, sensaciones, sentimientos, miedos, etc. Nuestra vida mental es el conjunto de todos estos elementos.
(2) Cuando nos sentimos expuestos, los elementos de rasgos negativos (defensividad) crecen y se interconectan,
(3) colapsando nuestra conciencia, nublando nuestra mente y (en el peor de los casos) causando ataques de pánico o confusión.

¿Qué podemos hacer para que nuestros miedos no se apoderen de nosotros en estas situaciones? Lo más sencillo y obvio parecería esforzarnos por tomar el control consciente de tales elementos, combatirlos e incluso expulsarlos de nuestra esfera. Sin embargo nos olvidamos de que generalmente no estamos capacitados para hacer tal cosa. Los elementos negativos (defensivos) son parte de nuestra vida mental y resultan de mecanismos automáticos sobre los que no tenemos un control directo. De hecho, cumplen una función esencial que no vamos a discutir aquí.

Por lo tanto, lo que nos queda es reducir el «tamaño de estos elementos». Pero esto hay que hacerlo no en un sentido absoluto, sino relativo. Es la relación de proporción entre estos elementos y nuestra esfera lo que importa. Cuanto más grande sea la segunda, más «pequeños» parecerán nuestros miedos. ¿Qué debemos hacer entonces? La respuesta parece sencilla:

(2) Expandir nuestra conciencia.

¿Cómo conseguimos expandir nuestra conciencia? La respuesta a esta pregunta es más complicada y requiere de un estudio científico exhaustivo. Lo que parece que está claro es que los ejercicios de meditación, autoobservación, la tolerencia, la curiosidad, la motivación, la compasión y otras prácticas y rasgos psicológicos favorecen la expansión de la conciencia y mitigan los devastadores efectos que tienen los elementos defensivos. Si queremos mantener la serenidad en situaciones de estrés, debemos educar nuestra conciencia. Su cultivo prolongado desde la observación y la curiosidad nos ayuda a estar más lúcidos, eficientes, motivados y, en general, más felices.


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