RESISTIR A LA MANIPULACIÓN DE LA DEMAGOGIA Y LA PUBLICIDAD

RESISTIR A LA MANIPULACIÓN DE LA DEMAGOGIA Y LA PUBLICIDAD

El discurso del miedo, la manipulación, la desinformación y la posverdad en el contexto democrático son el caldo de cultivo ideal para el discurso demagógico (estrategia política que hace uso de la desinformación y los prejuicios para apelar a los sentimientos del pueblo) y para una de las formas más degeneradas de la democracia: la oclocracia o gobierno de la muchedumbre.

La demagogia y la oclocracia son problemas antiguos. La primera definición de demagogia proviene del filósofo Aristóteles y la oclocracia fue determinada por el historiador griego Polibio. Ambos eran hombres sensibles a su tiempo y a los problemas que acusaban a las poleis griegas.

Desde el nacimiento de la democracia (a la que se oponían ambos pensadores al considerarla demasiado susceptible a la degeneración), ésta ha sido objeto de abusos. A día de hoy, la aparentemente sofisticada democracia vuelve a tropezar con la misma piedra. Es más, la existencia de gobernantes con la habilidad de dirigir la opinión y la emoción del pueblo, de personas que han sabido disponer las piedras de tal modo que tropecemos con ellas, parece ser una constante en la historia de la humanidad. ¿Qué es lo que ha cambiado desde la antigüedad y cómo podemos intentar mitigar los devastadores efectos que la demagogia y la desinformación tienen sobre nuestra convivencia como vecinos, ciudadanos y miembros de la especie humana?

La respuesta es sencilla: muy poco. Es cierto que disponemos de conocimientos específicos y tecnologías con las que los antiguos no podrían siquiera haber soñado. Pero en esencia, los problemas son similares, la vida y las necesidades humanas son prácticamente idénticas.
Lo que sí ha cambiado es el acceso universal y prácticamente gratuito a la información (y a la desinformación).

Tal vez la solución al problema resida en otorgar herramientas psicológicas y epistémicas a las personas con las que discernir la calidad de la información: conocer el funcionamiento del cerebro y de las emociones, del cómo formamos creencias, del cómo adquirimos conocimientos, de cómo identificar técnicas de manipulación, de cómo no dejarse engañar por argumentos falaces, etc.
Estas herramientas psicológicas podrían mitigar el efecto que la demagogia, también conocida como márketing, tiene sobre nosotros.

Quizás la solución también resida en dejar de pensar la realidad términos abastractos tales como nación, pueblo, occidente, izquierda, derecha, cultura, etc. para verla como naturaleza, vida y conciencia.

Disponemos del estado para que garantice nuestro acceso libre a la educación y a la información plural (que incluye la desinformación) pero no lo necesitamos para que determine qué es verdad y qué no lo es, no lo necesitamos para que delimite la realidad. La realidad la determina cada individuo y por lo tanto está en la mano de cada uno el desarrollarse como persona consciente, escéptica y crítica, inmune a los charlatanes y manipuladores de opinión.

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