SUPERA TU MIEDO ESCÉNICO EN 2 PASOS

SUPERA TU MIEDO ESCÉNICO EN 2 PASOS

Introducción

Ana tiene que hacer una presentación de su proyecto profesional delante de un grupo de potenciales clientes e inversores. Quiere montar una empresa de comunicación y márketing. Mientras va avanzando su presentación, una sensación de inseguridad se va poco a poco apoderando de ella. Comienza a pensar que algo va mal. ¿Se está olvidando de mencionar algunos datos importantes? ¿Estará sonando insegura? ¿Y si nadie la compra la idea? ¿Y si ella no vale para esto? ¿Y si se marcha a casa y no vuelve a intentarlo nunca más…?

¿Quién no se ha quedado en blanco alguna vez hablando en público? ¿Quién no se ha sentido atemorizado, avergonzado o incluso ridículo al subirse a un escenario o haciendo una presentación en el trabajo, la universidad o el colegio?

El miedo escénico puede deberse a muchas causas si bien la forma de superarlo se puede reducir a una única fórmula compuesta por dos ingredientes fundamentales: autoconciencia y la tolerancia.

La duda, el «¿y si…?» es nuestro peor enemigo. Debemos aprender a no dejarnos controlar por la duda. La duda surge de forma automática, se dispara cuando menos lo esperamos y la solución está únicamente en nuestras manos. En este artículo se expondrán varios ejercicios que nos ayudarán a hacer frente a estos pensamientos que vilmente nos asaltan en los momentos en los que estamos más expuestos y vulnerables.

Parte 1: Autoconciencia

Aquí la autoconciencia se refiere a la autoobservación de nuestros propios estados emocionales, de sus manifestaciones psíquicas (miedo, angustia, ansiedad, pánico, quedarse en blanco, etc.) y físicas (sudoración, temblores, tics, etc.)

Los ejercicios básicos autoobservación se pueden realizar puntualmente antes de nuestra intervención en público o idealmente de forma disciplinada, varias veces al día, varias veces por semana, etc. La finalidad última de esta práctica es cultivar una forma de vida mental, una actitud hacia el mundo y hacia uno mismo más sana y, de acuerdo con una teoría de la mente más cercana a la realidad fáctica del cerebro.

El proceso de autoobservación que se plantea es de tipo perceptivo, de percepción directa de los procesos internos y del pensamiento en sí mismo, de las emociones, los impulsos y sensaciones. Se trata de un “poner entre paréntesis”, de una “suspensión del juicio”, de aquello que en la tradición filosófica es conocido como ἐποχή (epojé).

El cultivo de una mente atenta y autocognoscente comienza con poner en práctica los siguientes principios básicos:

  1. Si vivo en piloto automático me paro a sentir mi cuerpo, a prestar atención a mis acciones y percepciones desde una perspectiva observadora neutral.
  2. Si detecto automatismos que afectan a mi vida (reacciones defensivas, resistencias, creencias sin fundamento, etc.) me relajo, me acepto y retomo mis actividades desde la atención consciente.
  3. Si valoro el llevar una vida virtuosa, libre de conflictos internos y externos, haré un esfuerzo disciplinado para cultivar mi mente.

Estos principios suscitan una serie de preguntas que deberemos hacernos cada día (o varias veces al día) y que guiarán nuestras acciones y nuestra forma de experimentarnos y experimentar el mundo.

¿Vivo de forma automática?

¿Afectan mis automatismos a mi vida en forma de conflictos y miedos (internos/externos)?

¿Valoro una vida sin conflictos ni miedos?

¿Estaría dispuesto a liberarme de mis automatismos y por ende de mis conflictos?

Si alguna respuesta a estas preguntas fuera negativa, deberíamos plantearnos la posibilidad de que no estamos siendo totalmente sinceros con nosotros mismos. En el caso de que las preguntas hayan sido contestadas de forma afirmativa, encontraremos el terreno allanado y fértil para “cultivar”.

Los siguientes ejercicios específicos para cultivar los tres principios básicos:

Principio 1: Si vivo en piloto automático me paro a sentir mi cuerpo, a prestar atención a mis acciones y percepciones desde una perspectiva observadora neutral.

Ejercicios:

  • Cuando voy caminando por la calle, centro mi atención en el peso y velocidad de mis piernas, siento el ritmo de mi andar, percibo el aire que roza mi piel.
  • Cuando me estoy lavando los dientes, siento el frescor de la pasta de dientes y el contacto del cepillo con mis dientes.
  • Cuando estoy en el autobús, pongo toda mi atención en la fuerza que ejerce la aceleración del autobús sobre mi cuerpo
  • Cuando estoy revisando el correo electrónico, siento las yemas de mis dedos sobre el teclado de mi ordenador o el contacto de mi cuerpo con la silla.

Atendiendo a nuestro cuerpo desarrollamos la sensibilidad, lo cual nos lleva a un estado de relajación y bienestar en el que disminuyen los pensamientos automáticos e involuntarios.

Principio 2. Si detecto automatismos que afectan a mi vida (reacciones defensivas, resistencias, miedos, creencias sin fundamento, etc.) me relajo, me acepto y retomo mis actividades desde la atención consciente.

Ejercicio:

Recuerdo una situación que haya provocado algún tipo de resistencia en mi (enfado, rabia, etc.). Trato de verla desde una perspectiva neutra. Observo mis emociones, su propósito y su coherencia. No trato de suprimirlas o reducirlas, las acepto tal y como son desde la neutralidad. Vuelvo a observar mis emociones que ya he aceptado y descubro que me siento más relajado y vacío de pensamientos que antes.

Nota: Este ejercicio debe llevarse a cabo de la pura observación, libre de juicio y verbalización alguna. Se trata de abrirse a la experiencia del mundo interior. Es una observación de los procesos psicológicos aprendidos y de su posterior re-aprendizaje. Uno deberá repetir este ejercicio de forma disciplinada y consecuente para su correcta ejecución.

Principio 3. Si valoro el llevar una vida virtuosa, libre de conflictos internos y externos, haré un esfuerzo disciplinado para cultivar mi mente.

Lista de ejercicios diarios:

  1. (2-5 minutos) Cada vez que como o bebo, hago “un paréntesis” en mi pensamiento para prestar atención a los sabores, a la consistencia, temperatura, etc. de la comida/bebida. Comprendo que el experimentar esto es el producto de un proceso neurofísico que comienza con el contacto de las sustancias con las células de mi cuerpo y que termina con el fenómeno de la conciencia de ello.
  2. (4-6 minutos) Cada vez que hago un descanso en el trabajo/estudio me centro en mi respiración: en su ritmo, en la temperatura del aire al entrar y salir del cuerpo.
  3. (2-3 minutos) Cuando me invaden pensamientos automáticos practico “epojé”, los observo desde la suspensión del juicio, los miro con curiosidad y los dejo ir.
  4. (4-10 minutos) Cuando voy caminando por la calle/un parque/el campo o cuando estoy mirando por la ventana trato de contemplar el mundo como un todo, trato de “ver de forma panorámica”, sin centrarme en los objetos concretos sino en la totalidad de la imagen, con curiosidad libre de juicio
  5. (Tiempo indefinido) Cuando estoy haciendo deporte (corriendo, nadando, haciendo un arte marcial, etc.) me libero de pensamiento y presto atención a mi cuerpo en su totalidad. Siento la potencia, el peso de mi cuerpo, la tensión y relajación de mis músculos, el contacto con el aire fresco, el latido de mi corazón.

Parte II: Tolerancia

La tolerancia se refiere a la actitud que tomamos hacia los estados emocionales tanto negativos como positivos. Si mostramos menos tolerancia hacia nuestros propios estados sufriremos más miedo escénico. Nuestra atención estará dirigida hacia aquello que nos bloquea, nos obsesionaremos momentáneamente con todo lo que en ese momento valoremos como negativo.

Ejercicio:

  1. Recuerda un momento en el que hayas sufrido de miedo escénico. Deja que la sensación recorra tu cuerpo. No te resistas a la sensación. Obsérvala con curiosidad pero sin juzgarla. Sé un observador neutral. No trates de tomar el control. Acepta el miedo y tómatelo con humor. Es el cuerpo humano que te está indicando algo.
  2. Ahora recuerda un momento en el que te hayas sentido muy motivado, en «flujo» o «flow». Deja que las sensaciones inundan tu cuerpo y tu mente. Absorbe las sensaciones positivas, siente como tu mente se ordena y cómo deseas transmitir tu entusiasmo a los demás. No dejes que la euforia se apodere de ti, obsérvala desde una serenidad satisfecha. Vacíate de todo juicio y valoración. Ahora dale una forma al «flow». Puede ser una gran «bola redonda, suave y cálida». Guárdala dentro de ti y suéltala. Siente la serenidad del vacío.
  3. Comienza tu exposición frente a un espejo, con un familiar, amigo o compañero. Sé consciente de tu cuerpo, del espacio que te rodea y del contenido que vas a transmitir. Si las sensaciones negativas afloran, acéptalas pero mantenlas en un segundo plano. Siente que al hacerlo estás en un estado de serenidad total. Diviértete y goza tu exposición, deja que tu propio estilo y personalidad afloren por si mismos cuando te expones a los demás.

Conclusiones y futuro

Los principios y ejercicios de atención y autoobservación nos ayudan a cultivar una actitud atenta y perceptiva. El ejercicio de tolerancia nos ayuda a aceptarnos tal y como somos y a sacar lo mejor de nosotros, a mostrar el potencial de cada individuo.

Para ser buenos oradores debemos aceptar el hecho de que nuestra actividad psicológica y mental se sustenta sobre procesos neurofísicos sobre los cuales no podemos ejercer todo el control que quisiéramos, un control del que tampoco deberíamos deberíamos disponer de forma absoluta. Como conclusión solamente podemos decir que en el propio camino que supone el cultivo de la mente, en la intención y acción desinteresada de ser mejores sujetos de conocimiento, mejores dueños de nuestros actos y mejores personas, radica nuestro poder de transformar el mundo que nos rodea.

En PÓRTICO te enseñamos a superar el miedo escénico. Para más información ponte en contacto con nosotros.
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